El Museo Oteiza es uno de los 8 que ha aprobado, entre 51 analizados de toda España, en un informe sobre la claridad de la información que ofrecen en Internet sobre su gestión. El estudio, realizado por la Fundación Compromiso Empresarial, bendice las web del Teatre-Museu Dalí (Gerona), el Artium de Vitoria, El Prado y Reina Sofía (Madrid), el Colegio de San Gregorio y Patio Herreriano (Valladolid) y el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (Pontevedra), además del Oteiza.
“Queremos un museo muy vivo que despierte el interés de los visitantes”, comenta el director del Museo Oteiza, Gregorio Díaz Ereño, satisfecho con el informe. “Hoy la utilización de las nuevas tecnologías son fundamentales para darse a conocer, queremos que esa página se convierta en vehículo fundamental para conocer el museo, sus servicios y las acciones “, apunta. Además, señala que la página web permite darse a conocer a escala mundial.
La web (www.museooteiza.org) se reformó a finales del año pasado. “Queremos ofrecer un disfrute no presencial, nuestros fondos son accesibles, la biblioteca, se puede programar una visita, hacer comentarios…”, añade Díaz Ereño. “El objetivo es generar la de idea de museo global, que integraría las colecciones físicas de múltiples museos”.

¿Dejaría usted que le extirpara una muela un pariente que ha visto un vídeo en YouTube sobre dentistas en acción? ¿Confiaría el arreglo del motor de su coche al vecino que ha hecho un cursillo de mecánica por correspondencia? Probablemente no. Entonces, ¿por qué en el sector de la tecnología, concretamente en el diseño de páginas web, todavía hay muchos -empresas incluidas- que delegan el trabajo en aficionados? Tal vez porque (valga el trabalenguas) para quien no sabe nada, el que sabe un poco ya sabe mucho…
En este artículo, Germán Piñeiro nos describe los desastres más habituales derivados del “efecto sobrino”, esas webs que, con mejor voluntad que resultados, parecen diseñadas por el enemigo. Lo peor, el perjuicio de la imagen corporativa.